El llamado del deber. [Priv. Nimmersatt Beelzebub]

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El llamado del deber. [Priv. Nimmersatt Beelzebub]

Mensaje  Louise T. Mason el Lun Jun 27, 2011 5:04 pm

Louise. Louise. Lo lograste otra vez. Hiciste que el destino te favoreciera de nuevo. No solo entraste al circo, sino que quedaste en la misma sección de tu hermana...Asi nadie se acercaría a ella...Sin arriesgarse a quedar de comida o tentempie. Además...

...La cabeza principal se fijó en ti.

Se fijó en tu subnormalidad desproporcionada, sintiéndose encantada. Era un mérito que había válido la pena el dolor sentido al ser colocada la bomba de tiempo en su pecho, su órgano vital arrancado y devorado. La sangre escurriendo por las ropas predilectas, arruinando su corbata y camisa. El saco no interesaba tanto, las manchas se disimulaban muy bien y no tenía los recursos para andarse con caprichos señoriales. Estaba en un circo demencial después de todo, por lo que un poco de dolor no debía sorprenderlo.

Dejando de lado los delirios transitorios por la perdida de una corbata, arregló sus ropas en la habitación correspondiente. No tenía la menor idea de quién se la habia asignado pero, por lo que veía, allí habitaban un chico y una chica. Lejos de interesarle, salió de allí sin más, ocupado en aquel asunto que llevaba entre manos como para percatarse de los seres con los que se vería obligado a convivir. Ni pista de su hermana, pensó decepcionado mientras sus pasos lo adentraban en la zona administrativa del lugar.

Mantenia la mirada en el frente, ignorando los sonidos a su alrededor causados por las bestias que formaban sus compañeros. No tenía tiempo que perder en banalidades de las que se enteraría luego. Era mejor matar los asuntos de una y desconcentrarse una vez cumplidos. A pesar de ser una bestia, el deber era el deber. Y debía atenerse a él.

Perdido en los pensamientos propios, no notó que se encontraba frente a la puerta objetivo hasta que escuchó un objeto metálico de dudosa naturaleza, caer en alguna parte de aquel siniestro lugar. Levantó la mirada, parpadeando el único ojo, las letras que identificaban la madera reflejandose en ellas.

Inferno

- Oh -Murmuró antes de tocar suavemente la puerta, usando los nudillos. Se le había solicitado su presencia, pero, era de muy mala educación entrar a oficina ajena sin antes anunciarse. Caballero ante todo. En especial con una señorita de tan alto rango y peligrosidad. Cruzó lentamente las extremidades superiores sobre su pecho, frunciendo ligeramente el ceño, esperando. Pasados unos segundos, bajó la mano hasta el picaporte.

Giró el metal circular, abriendo la puerta con suavidad al estar abierta. La entrecerró al entrar, no muy seguro de que fuera correcto. Bueno, algo de riesgo nunca es malo- ¿Señorita Insaciable? Perdone el irrumpir así. - Se disculpó, sonriendo amablemente. Le tembló el rostro por forzarse a realizar aquel acto, único medio de supervivencia en ese sitio despiadado. Husmeando su mirada sobre lo poco que podía observar a través de la obscuridad tranquilizante de esa habitación, localizó un escritorio y, lo que suponía, era una enorme silla en el rincón más alejado. No se fijó en si había otras cosas que ayudaran a sentirse familiar- Vine lo más pronto que pude por el asunto. Si está ocupada, pasaré más tarde. No es molestia.

Pasó nerviosamente su mano derecha sobre lo que antes era su corazón, sintiendo el metal sobre sus dedos y el dolor punzante, produciendo una sensación agradable, casi erótica y adictiva a su cuerpo. Suspiró, apoyando su bate en el suelo, tranquilizando su nublada mente.

Los rumores que había escuchado...No favorecían en nada la tensión en sus nervios, sujetando la correa del instrumento en gesto de protección.

- ¿Señorita Insaciable?
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Louise T. Mason

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