Convaleciente foraneo en la cabaña dos. [Priv. F. Bonnefoy y A. Kirkland]

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Convaleciente foraneo en la cabaña dos. [Priv. F. Bonnefoy y A. Kirkland]

Mensaje  Arthur Kirkland el Jue Sep 08, 2011 6:37 pm

( Continuación de: )

Arthur abrió los ojos. El ruido de la lluvia se había detenido y la luz sobre el velador que estaba junto a él había sido apagada. La habitaciónb completa estaba sumida en la oscuridad y en un aire tibio proveniente de la estufa encendida. Se incorporó con cuidado soltando un gemido bajo. Sujetándose con sus codos, recorrió los contornos del cuarto con lentitud, deteniendose en las camas de los lados en las que distinguía dos bultos de sombra: Ravenscroft y Lovino dormían desde hacia horas, eran cerca de las cuatro de la mañana y el oji-verde llevaba dormido más de doce horas, sin recordar que había despertado en numerosos y brevísimos intervalos. Continuó su recorrido ya ubicado en su mapa mental. Al menos ahora sabía que estaba en la cabaña número dos... o ese creía era el número de la cabaña en la que la francesa, el italiano y el ingles vivían.

Fue entonces que la vió. Dormía sentada en una silla, con su cabello recogido en un moño suelto. Un cuchillo y un posillito estaban sobre su regazo, seguramente sus manos los habían soltado al vencerla el sueño. Su cabeza estaba apoyada en su hombro y un poco echada hacia adelante. Un vestido sencillo y largo demostraba que había cambiado su vestimenta por una más cómoda. El inglés se fijó en los pequeños detalles que la luz de luna que lograba traspasar las cortinas le permitían divisar.

Se levantó de la cama y caminó hasta la chica. Aún vestía esa camisa negra y holgada que le habían prestado y unos boxers que no tenía la menor idea de como se los habían puesto, pues no eran los que utilizara el día anterior. Un lazo en el cabello de la mujer estaba a punto de caer y las manos de la muchacha se notaban húmedas por el líquido de la fruta que resposaba en sus faldas. En un instante las nubes taparon la luna y los detalles desaparecieron.

El aroma de la fruta jugosa le recordó su sed. Estiró su mano y cogió una rodaja de pera, la que se llevó a la boca. Luego hiso lo mismo con otra rodaja. Respiró profundo mientras mantenía sus ojos bien abiertos y fijos en la figura negra que era la rubia. Durante varios minutos guardo silencio, sin interrumpir el sueño de la gabacha, únicamente produciendo los ruidos de su respiración y de su masticar.

Una gota del jugo de la pera resbaló por su mano.
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Re: Convaleciente foraneo en la cabaña dos. [Priv. F. Bonnefoy y A. Kirkland]

Mensaje  Françoise Bonnefoy el Dom Sep 11, 2011 12:53 pm

Cuando aquella gota fría de jugo de pera cayó sobre su piel, el contacto casi gélido hizo que se estremeciera durante unos segundos, pero sin que su sueño se viera interrumpido. El dolor en su cuello que poco a poco se acrecentaba, le hizo recordar, en su sueño, que la incomodidad de su sueño se debía a su esfuerzo por alguien… Por Arthur.

- … Arthur… - Murmuró apenas, con los ojos cerrados por completo. Por un segundo, sus pestañas se movieron y le cosquillearon la mejilla. No hizo más que relajar sus párpados, de modo que sus pestañas no le hicieran cosquillas nuevamente. Buscó acomodarse en la silla, pero no lo logró realmente, pues ésta era bastante estrecha como para adoptar una posición tan cómoda como a ella le habría gustado. Gruñó suavemente.

Era de noche, tanto en la realidad como en su sueño. Se sentía incómoda, debido a la silla, pero aún así caminaba. Hacía frío repentinamente, y luego el calor de la hoguera regresaba. Françoise se detuvo frente a un árbol bastante extraño en apariencia. Era de color azul, y de hojas rojas. No entendía por qué estaba ahí, ni por qué existiría tal árbol. Sin saber qué hacía, trepó. Un mechón de cabello cayó sobre su ojo derecho, obstaculizándole la vista. Al moverse en la silla, aquel mechón había caído. Siempre sus sueños habían sido ilógicos, y esta vez no era la excepción.
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Re: Convaleciente foraneo en la cabaña dos. [Priv. F. Bonnefoy y A. Kirkland]

Mensaje  Arthur Kirkland el Dom Sep 11, 2011 5:19 pm


Continuó su comida hasta que el bol se vacio. Un movimiento de la francesa lo sobresalto, pues pensó que la había importunado en su descanso, pero pronto sus músculos tensos volvieron a relajarse. Agudizó el oido y se concentró en la mujer, recorriendo con total libertad su aura, revizando cada rincón de ella, aquel color azul de su vientre y de sus brazos y el amarillo borroso de su mente.

Quiso saber que estaría soñando la rubia, pero no conocía el arte de penetrar el alma o la mente de los demás, él no era tan adelantado en magia. Se acercó un poco más a esa frágil avecilla que reposaba sin miedo, sin saber que el cuchillo que su regazo sostenía podría volverse un arma en su contra, sin temer a que alguno de sus compañeros de cuarto de pronto perdiera la cordura y despertase en mitad de la noche con la intención de actuar no por raciocinio sino por gusto, simplemente por saber el "qué se sentirá". Aquel cuchillo que le hacia estremecer de sólo imaginar el color rojo de la francesa, obscurecido por las sombras de la habitación. Aquella alma piadosa extinguiendose y el sentimiento de perdida, de imposibilidad de retroceder el tiempo.

De un modo tétrico, la idea de perderla para siempre le parecía tentadora. Que desgarrador no volverla a oir cantar.

Retiró el cuchillo con lentitud y pasó su pulgar por el filo de aquel hermoso instrumento.

Fue entonces que quiso complacerse con su rostro una vez más antes de que éste marchitara por la descomposición. Y aquel mechón estúpido se lo impedía, por lo que lo restiró, rozando con sus manos frías aquel calor tan acogedor, con lo que su momento de ausencia desapareció. Se encontró a sí mismo con el cuchillo en la mano.

Sin soltarlo, cogió con cuidado a la mujer e intentó alzarla, quedando apegado a ella en aquel intento de equilibrar su cuerpo al estrecho espacio que le dejaba la silla para maniobrar.
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Re: Convaleciente foraneo en la cabaña dos. [Priv. F. Bonnefoy y A. Kirkland]

Mensaje  Françoise Bonnefoy el Dom Sep 11, 2011 6:09 pm

Un movimiento brusco. En su sueño había caído del árbol, y eso la había despertado. Su cuerpo se irguió con brusquedad, y sus ojos se abrieron de par en par. Pestañeó por unos segundos antes de poder enfocar bien la figura que la sostenía, levantándola.

- ¿A-Arthur…? – Su voz sonó quebradiza, como si de un momento a otro se hubiese dado cuenta de sus intenciones, pero sólo era efecto de la falta de calor en aquel espacio. Su garganta necesitaba un poco más de calor para no estar tan debilitada, y eso, sin duda, le hacía falta. Sus ojos recorrieron la oscuridad del cuarto, luego la figura del joven que soportaba el peso de su cuerpo, encontrando el filo del cuchillo que antes había utilizado para picar la fruta. - ¿Q-Qué intentas hacer…? – Y ahora su voz realmente sonaba atemorizada. ¿Por qué Arthur tenía el cuchillo en su mano, y lo cogía de esa forma? ¿Acaso quería matarla, o herirla? No iba a ser la ocasión de dejarle actuar, si de acuerdo a sus primeros pensamientos acerca de él, se trataba de una persona que no merecía su confianza, y menos aún su amor. No iba a dejar que le hiciese daño, aunque para esto tuviera que abandonar su apariencia de mujer serena para dar paso a una dama algo más aferrada a la vida, y tuviese que tomar por ella misma aquella arma que el británico sostenía para usarla en su contra. ¿Acaso se había hecho el simpático para simplemente satisfacer sus deseos de sangre? Si así era, no lo permitiría. Sangre de cualquiera podía tomar, pero nunca de la suya. No abandonaría su vida sin más. Bien sabía que tenía muchas posibilidades de salir adelante, y de, quizás, ser feliz algún día. Su mirada adquirió determinación al hablar.

- ¿Por qué sostienes ese cuchillo de esa forma? – Su ceño se frunció como reclamándole en silencio por una explicación. Exigía obtener un esclarecimiento válido.
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Re: Convaleciente foraneo en la cabaña dos. [Priv. F. Bonnefoy y A. Kirkland]

Mensaje  Arthur Kirkland el Miér Sep 14, 2011 5:33 pm

Le costó esfuerzo levantar a la mujer en una posición tan incómoda, y culpaba a aquella tensión en sus músculos y la notoria fuerza que utilizó de que el ave inocente se despertara. Bueno, ya no tenía intenciones de matarla, así es que no importaba tanto.

Sin embargo, la pregunta de la mujer merecía una explicación. Dinos, Arthur, ¿a qué se debe el cuchillo cuya hoja toca el cuerpo de la dama que sostiene entre sus manos? No es para dañarla, ahora no, pues ya ha logrado revivir de ese estado semi inconciente en el que se encontraba, ahora piensa antes de actuar y no sigue únicamente sus instintos o impulsos, pues el acabar con una vida, con una persona -su voz, su escencia, su todo irremplazable- en aquella cabaña cálida, donde podía oirse el crepitar de los troncos ya carbonizados pero que continuaban quemandose en su interior, donde dos personas más dormíanb plácidamente mientras podrían evitar un asesinato, aquello era demasiado bello para tu sentir desolado ¿no es así? Querías volver a tu estado normal de entristecimiento, aún no te acostumbras a lo que tienes.

-Yo...- Su voz sonó demasiado alta en aquella habitación, por lo que bajó el volúmen.-... pensé que no debía quitarte tu cama. Te resfriarás... Y el cuchillo... no quería dejarlo en el suelo pues después no lo habría visto con la oscuridad... El bol si lo dejé en el suelo.- Sin soltarla, reanudó su camino interrumpido por su respuesta y la depositó en la cama. Dejó el cuchillo sobre el velador, bastante cerca de su alcance.

-¿Me harías un espacio para acostarme yo?- Sonrió, a pesar de que dudaba que su sonrisa se viese.
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Re: Convaleciente foraneo en la cabaña dos. [Priv. F. Bonnefoy y A. Kirkland]

Mensaje  Françoise Bonnefoy el Vie Sep 16, 2011 3:40 pm

Escuchó con incredulidad las palabras del británico, acomodándose en la cama. Sus zapatos cayeron mientras oía la petición del joven, y luego también la cinta dorada que en su cintura utilizaba únicamente para estilizar un poco más su figura y darle un toque especial a su tenida. Sus pies descalzos se deslizaron por las sábanas blancas, aún sin meterse bajo éstas, cuando el cierre de su vestido sonó suavemente, bajando con rapidez. Françoise se preguntó si acaso Arthur podría ver su silueta semidesnuda en aquella penumbra tan delicada. Parpadeó en la sombra, estirando su mano fuera de la cama para dejar caer el vestido rojo, que en aquella noche parecía ser de un color más oscuro que la sangre. Sus ojos recorrieron el lugar, aunque bien comprendía lo negro que todo estaba. Sopló, comprobando una vez más que estaba viva al dejarse caer a la cama, haciendo un poco de ruido al revolcarse, rodando así hacia uno de los costados. Hundió el rostro en la almohada al jalar con cuidado la cinta con la que recogía su cabello, y en poco tiempo, la trenza se hubo desarmado, dejando aquellas finas hebras libres, cayendo con suavidad en ondas sobre su espalda. Sus manos se encargaron de cubrir su propio cuerpo, dejando fuera tan sólo una porción de su espalda y su cabeza. Suspiró, y éste suspiro fue ahogado por la almohada, de modo que no pudo más que poner sus brazos uno a cada lado de su cabeza. Sonrió.

- ¿Es suficiente con ese espacio~? – Apenas ladeó un poco la cabeza, para que sus palabras fuesen perfectamente oídas por el británico, que probablemente no sabía si se había acostado vestida, a medio vestir o desnuda. Aunque, después de todo, no había tanta diferencia entre las pocas prendas íntimas que cubrían sólo aquellas partes importantes y vulnerables de su cuerpo y el andar desnuda. Abrazó con suavidad la almohada antes de lanzarle un beso en medio de la oscuridad al británico. – Acuéstate y duerme… No es bueno que salgas de la cama estando convaleciente, petit anglais~
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Re: Convaleciente foraneo en la cabaña dos. [Priv. F. Bonnefoy y A. Kirkland]

Mensaje  Arthur Kirkland el Lun Sep 19, 2011 4:37 pm

Un ruido; el caer de una tela sobre el piso. La mezcla entre el aire desplazado, la suave caída y el deslizar de la tela sobre el piso de madera.

Un segundo ruido; el movimiento de las sábanas al acomodarse la francesa y su caida desinflando bajo su peso la almohada.

Una primera armonía; la avecilla lo invitaba. Realmente le había hecho una pregunta, pero para él era una invitación a recostarse en la cama. Se subió a ésta y de rodillas esperó a que la figura ensombrecida de la mujer delatase su adivinanza, en vano. Al fin se recostó a su lado y estornudó, pero no le dió importancia y se volteó hacia ella. Se le acercó y con sus piernas atrapó las ajenas, para luego darle un suave y pegajoso beso en el brazo que más cerca suyo estaba. Esperó luego, acariciando la espalda de la chica con unos dedos un poco torpes, pero agradables. Se imaginó el cuerpo de la gabacha, del blanco de su piel, allí bajo su mano, con sus formas y las locas ideas que de pronto -y seguramente a causa de su condición de macho que se la pasa leyendo revistas para mayores únicamente para no relacionarse de manera afectiva más que por no poder hacerlo- se le venían a la mente.

Bajó su mano hasta encontrarse con el calzón que vestía la chica, de una tela suave, la que friccionó entre sus dedos. Cerró sus ojos y sonrió trás descubrir que la mujer no estaba desnuda, lo que le pareció sumamente atractivo.

-Es suficiente con ese espacio.- Ahora no quería pensar en aquel cuchillo tan cercano a su mano ni en lo que hacia poco había deseado y negado. Ella estaba allí, cálida. Y Arthur, en ese momento, habría cumplido cualquier deseo que ella le pidiese. Mientras eso no derrumbara su orgullo británico, por supuesto.
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Re: Convaleciente foraneo en la cabaña dos. [Priv. F. Bonnefoy y A. Kirkland]

Mensaje  Françoise Bonnefoy el Vie Sep 23, 2011 2:19 pm

Parpadeó con rapidez al sentir sus piernas aprisionadas entre otras más fuertes. Un beso pegajoso le produjo un escalofrío, y luego el tacto del británico en su piel hizo que con fuerza cerrara los ojos, concentrándose en lo que sentía. Sus labios se apegaron a la tela que cubría la almohada, dejando que su cabello le hiciese cosquillas en la espalda. Respiró a través de la tela antes de hablar nuevamente, aunque sentía que realmente no era necesario pronunciar ni una sola palabra.

- ¿Entonces está bien si me acerco un poco más…? – Aferrándose a la almohada, se arrastró con ella los pocos centímetros que los separaban, hasta casi rozar el cuerpo ajeno. Apenas sintió ese calor, se detuvo, y hundió la nariz en la almohada nuevamente, curvando su espalda de modo de hacer notorio un punto específico de su cuerpo. El pequeño sendero de su espalda fue resaltado con aquella curva, que acababa por alzar sus glúteos firmes bajo la sábana. – Tengo frío, Arthur~ - Susurró entonces, para simplemente llamar más la atención del británico con el que compartía su lecho.

Una de sus manos se posó sobre el torso del inglés, a la altura de su estómago, y con cuidado fue subiendo, poco a poco, hasta llegar a su pecho. Entonces su dedo índice trazó un círculo antes de volver a bajar, para esta vez detenerse a la altura del ombligo del joven. Suspiró antes de dejar que aquella mano pasara hasta el otro extremo de la cama, obligando a su cuerpo a apoyarse en el del británico. Sus piernas quisieron escapar, para poder equilibrar bien el peso de sí misma, pero ni siquiera lo intentó. Simplemente presionó su cuerpo contra el ajeno –realmente presionó más sus pechos contra el torso del británico que otra cosa-, sin perder ni por un segundo aquella curva adquirida en su espalda, aferrándose a éste.
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Re: Convaleciente foraneo en la cabaña dos. [Priv. F. Bonnefoy y A. Kirkland]

Mensaje  Arthur Kirkland el Dom Sep 25, 2011 3:03 pm

Mientras la francesa se acercaba, respondió con una risita, las cejas levemente fruncidas y una sonrisa reprimida. Quitó sus dedos de la espalda de la rubia, levantó su cabeza y se la sostuvo con ambas manos, mirándola de reojo.

No le dió tiempo a responder de algún modo a su comentario. Su cerebro no funcionó lo suficientemente rápido como para ofrecerle otra manta, o prepararle una bebida caliente. Lo que sí logró procesar fue que la mujer lo tocaba, e inconscientemene se ladeó para dejarse hacer. Siguió el recorrido con la mirada fija en el cabello rubio y tragó saliva, antes de que la chica suspirace y lo rodeara.

Se posicionó suavemente de espaldas, al tiempo que la joven se le acercaba más y más. Aflojó la presión en las piernas de la gabacha, a pesar de que ésta parecía no querer escapar. Aún así, él si recogió una de ellas, de modo que quedara entre las piernas femeninas, pero únicamente un poco de modo de no tocarla, quedando con la incómoda sensación de que su pie resbalaba. Miró a los ojos a la mujer, sujetandola por los costados con sus manos y robándole su calor. Los pechos de la parisina le parecieron, repentinamente, un estorbo para acercársele. Levantó la cabeza y todo su peso durante un momento.

La besó, antes de dejarse caer nuevamente contra la almohada y mirar hacia un lado, con los ojos avergonzados mientras sus mejillas se enrrojecían, a pesar de que era imposible, según él, ver este sonrrojo.

Abrazó con más ánimo ese cuerpo, como si intentase esconderse debajo de él -más bien se escondió debajo de los senos- rodeandola de modo que sus manos quedaran en la posición anterior de la opuesta, abrigandola contra el frío que la chica de ojos violeta decía sentir.
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Re: Convaleciente foraneo en la cabaña dos. [Priv. F. Bonnefoy y A. Kirkland]

Mensaje  Françoise Bonnefoy el Miér Oct 05, 2011 1:45 pm

Sintiendo el calor ajeno a través del beso, y luego a través de las manos del británico, se apegó con un poco más de fuerza al inglés. Sus labios se dirigieron al cuello del joven, depositando besos húmedos en su piel. Descendió hasta que la tela le impidió continuar, para después volver a la posición inicial y buscar con sus labios los ajenos. Con suavidad capturó entre sus labios el inferior del británico, lamiéndolo ligeramente. Sus labios húmedos comenzaron entonces a jugar con los del mago, intentando succionar levemente aquellos, mientras su cuerpo se apegaba con comodidad al del joven de ojos verdes. Al fin sus piernas podían ser útiles para apoyarse cómodamente en la cama.

Spoiler:
Realmente me parece indecente la cantidad de líneas que tiene esta respuesta, y me avergüenza en cierta medida e_é, pero opino que no me apoyó tu respuesta (?)
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Re: Convaleciente foraneo en la cabaña dos. [Priv. F. Bonnefoy y A. Kirkland]

Mensaje  Arthur Kirkland el Dom Oct 09, 2011 12:46 pm

-Q-que duermas bien.- Ante los mimos franceses tembló un poco y sin ánimos de nada se incorporó, quedando semi sentado en la cama. Desvió la mirada, completamente sonrojado y avergonzado. No estaba preparado para tener una noche de pasión con la mujer, y menos cuando en la habitación habían otras dos personas. Para ser sinceros, ni siquiera tenía el deseo necesario. Tal vez dos días antes se habría dejado llevar, pero no ahora. E incluso si lo pensaba bien, dos días antes no habría aceptado tampoco.

Se apoyó en un brazo y tras mirar rápidamente a la gabacha, con la cabeza un tanto baja y los labios fruncidos, se dio el impulso necesario para caer sobre el lado que antes ocupara la joven rubia, chocando con su brazo, pero sin darle mayor importancia.

-¡Hasta mañana!- Se cubrió con la ropa de cama y se encogió en su lugar, mirando hacia el lado contrario al que estaba su acompañante, con los ojos bien abiertos y el corazón retumbando en sus oídos. "No quiero, no quiero" Apretó la sabana entre sus manos y hundió el lado del rostro en la almohada, para al fin cerrar los ojos con fuerza, intentando captar cada sonido, en contra de su apuro por conciliar el sueño.
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Re: Convaleciente foraneo en la cabaña dos. [Priv. F. Bonnefoy y A. Kirkland]

Mensaje  Françoise Bonnefoy el Jue Oct 13, 2011 1:38 pm

El repentino cambio de actitud del británico la confundió hasta cierto punto. Lo observó sentarse y luego volver a recostarse, esta vez evitándola. ¿Estaba yendo muy rápido y eso le molestaba al mago? O quizá necesitaba tiempo, o estaba avergonzado, o incluso... no tendría ganas. Pero en el de que así fuera, ella podía animarlo bastante. Después de todo, ya había comprobado que los que dormían en esa habitación tenían el sueño muy pesado.

Dejó que el inglés se cubriese y esperó un minuto antes de ponerse en acción. Oculta bajo la sábana, se quitó el sujetador, dejándolo bajo su almohada. Se deslizó con suavidad por sobre la tela hasta sentir cerca de su cuerpo el calor ajeno.

Estiró los brazos en la oscuridad, hasta pasarlos por los hombros del británico, y entonces, con un movimiento rápido y brusco, presionó sus pechos ahora desnudos contra el cuerpo del menor. Sonrió ladina, aprisionando las piernas del inglés.

-¿...Hasta mañana~?- murmuró cantarina.
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Re: Convaleciente foraneo en la cabaña dos. [Priv. F. Bonnefoy y A. Kirkland]

Mensaje  Arthur Kirkland el Sáb Oct 15, 2011 2:31 pm

El ruido de la mujer al quitarse la pequeña prenda que la cubría y al acercarse al mago fue casi inaudible, pero Arthur estaba tan asustado, que pudo distinguir, más que el sonido en sí, la sensación de que algo se movía detrás suyo, parecía ser que el aire se movía empujado por este movimiento y que era él el que se reía suavemente de lo que le ocurriría al británico. Era esa corriente de aire casi estática que rodeaba el espíritu de la mujer, un aire que si el inglés se hubiese dado la tranquilidad necesaria para separar lo corpóreo de lo espiritual, llamaría directamente aura; deseo extracorpóreo en un término más doctrinal.

Cuando la gabacha estuvo cerca de él fue cuando comenzó a sentir que las manos le sudaban y que su cuerpo entero se tensaba, no podía moverse, sentía miedo de que la mayor insistiera con sus caricias, pero de golpe la sensación de inmovilidad desapareció cuando los pechos femeninos tocaron su espalda y sus piernas se vieron presas, ¡y pensar que antes él era el carcelero! Se sentía completamente rodeado, incluso los brazos franceses lo rodeaban. En otra circunstancia se abría sentido inmensamente feliz. Era tan ilógico.

Diversos recuerdos y pensamientos atravesaron por su mente, desembocando en una ira cada vez más grande.”Sus pechos son como los de esa chica del subterráneo…” no recordaba su edad ni su nombre, pero no pasaría de los diecinueve años “¿qué fue lo que hicimos? Ah, creo que la lleve al departamento de la banda.” y eso le habría traído problemas si lo hubiesen descubierto. Si, a veces actuaba impulsivamente y luego debía disculparse por ello. Era tan difícil pedir disculpas.”Igual, no fue la única vez.” Ahora contaba mentalmente, una dos, tres, ella; la cuarta, cinco, seis. “[color=green]Tenía el cabello rubio, igual que Françoisse… ojos azules y cabello rubio, el ideal de belleza yanque.” Esa palabra le provocó un mal sabor de boca. “Me estoy dejando llevar por el gusto yanque. Such and idiot!” pero no era sólo la pigmentación de los ojos y de los cabellos lo que lo atraía de la mujer, aquel color morado de su aura, los cambios y destellos de color en sus ojos…”Morados, no azules.” intentó tranquilizarse pero a pesar de sus palabras de consuelo, la rabia no se iba. “Una francesa de ojos morados, no azules… una francesa… ¡Una francesa!” de pronto recordó lo que de niño aprendió acerca de la historia de su país y se molestó de que el país vecino fuese tan… francés. “¡Y encima me trata como a un puto!” Sí, en su mente, ella captó, utilizado esa felina intuición femenina que debía poseer, su gusto por el sexo, en especial si éste no traía consigo el tener que vincularse demasiado con la otra persona.“Pero yo no soy así, ya verá, yo soy un caballero.” Claro que era un caballero, como dicen “un caballero no tiene memoria” El británico se convencía a sí mismo de que todo lo acontecido antes de su vida en el circo estaba guardado en un baúl; “Menos ella.” por un momento se asustó. Pensó en haber olvidado a su querida bajista, para darse cuenta de que no, de que aún existía en sus recuerdos y de que a su lado tenía a otra mujer. Fue entonces que se enfureció. ¿Tan rápido la olvidaba? ¿Tan pronto le encontraba un reemplazo? El pensaba cambiar sus antiguos hábitos y de pronto los avances que creía haber logrado se convertían en derrotas. Odiosas y punzantes derrotas. ¡Y antes se sentía orgulloso!“ Y ella, ¿cómo saber que yo no soy un reemplazo de alguien más? Or a toy?” Estaba molesto con la rubia, como si ésta lo hubiese hechizado con la idea de hacerle daño, en vez de enojarse consigo mismo, que hubiese sido lo correcto.

Todo esto ocurrió en el tiempo en que la mujer lo rodeó y le susurró “¿…Hasta mañana?”, con una melodía en su voz que al británico se le antojó burlona. ¿Se mofaba de él entonces? Nadie se burlaba de él. Sin embargo se había mostrado de cierto modo débil hacia apenas un par de minutos. Dudoso. Avergonzado. Asustado. Tan malditamente DEBIL. Y todo en frente de esa mujer. Ya vería que nadie mellaría su orgullo de esa manera.

- Sí, hasta mañana- le espetó al tiempo que la miraba por sobre su hombro con rabia, para luego incorporarse bruscamente, soltándose de sus brazos al abrir los suyos. Empujando los pies ajenos con fuerza para librarse del agarre intentó levantarse de la cama, tropezando. No alcanzó a caer, pero ese tambaleo se le antojó irrisorio para quien lo observara y por tanto, una afrenta más a su orgullo que quitaba parte del impacto de sus palabras y de sus actos.
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Re: Convaleciente foraneo en la cabaña dos. [Priv. F. Bonnefoy y A. Kirkland]

Mensaje  Françoise Bonnefoy el Dom Oct 16, 2011 4:55 pm

Françoise dejó que el británico se soltara y se levantara. La desnudez de su cuerpo se le hizo dolorosa casi, motivo por el cual se cubrió con la sábana rápidamente. Suspiró pesadamente y miró a través de la oscuridad hacia la silueta que se hallaba de pie. Sus manos se aferraron a la tela que cubría su cuerpo desnudo, y sus ojos se cerraron fuertemente. ¿Y si lo perdía por algo tan estúpido como eso? La ira era notoria en el tono de voz del inglés. Nunca se perdonaría el perder a alguien como aquel joven mago.

Sus ojos se mantuvieron cerrados por algunos segundos, como si ella estuviese aguantando un peso demasiado grande para su cuerpo, y cuando se abrieron, y la luz tenue de la luna atravesó un pequeño espacio de ausentes cortinas, tan pequeño que el siguiente hecho era casi imposiblemente atribuible a aquello, sus ojos brillaron más morados que nunca. Prácticamente se mostraba a través de ellos el profundo sentimiento de tristeza que invadía a la joven.

Los labios de la francesa temblaron, y el brillo de sus ojos se hizo más intenso cuando las lágrimas brotaron y se deslizaron por su rostro suave. En un segundo, rodeó su cuerpo con la sábana, cubriéndose, y se incorporó. Se mordió el labio inferior, sabiéndolo tembloroso, y le dirigió una mirada intensa, en la que se mezclaba el dolor y la ira, al mago.

Pasó junto a Arthur con la espalda erguida, orgullosa de sí misma, y sin arrepentirse de nada. No lo miró, y sólo se detuvo junto a la puerta, antes de abrirla.

- No intentes buscarme. Probablemente no me encuentres. Necesito buscar a alguien que me entienda por ahora. Vous êtes un crétin de me traiter de cette façon. – Su voz sonó llena de determinación, a pesar de que las lágrimas seguían su camino hacia su barbilla, y sin derecho a quejas.

Sin nada que agregar, y sin esperar alguna respuesta, abrió la puerta, y cerrándola de golpe, desapareció en la desgraciada oscuridad. Envuelta en su sábana salió de la cabaña. Poco importaba aquello en momentos como ese.

Spoiler:
Vous êtes un crétin de me traiter de cette façon: Eres un tarado para tratarme de este modo.
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Re: Convaleciente foraneo en la cabaña dos. [Priv. F. Bonnefoy y A. Kirkland]

Mensaje  Arthur Kirkland el Dom Oct 16, 2011 7:10 pm

Esos ojos... ya no existía ninguna duda, eran morados, de un bello morado, pero Arthur supo inmediatamente que aquel destello de color no se debía a la graaan felicidad que envargaba a la gabacha, no, no, no. ¿Qué había hecho, por amor a La Reina?

Sin embargo, no retiró su mirada de odio mientras la mujer se retiraba, ni se dio el tiempo de notar sus hermosas formas que se adivinaban a través de la tela.

Cuando la mujer cerró la puerta, temió que alguno de los compañeros de habitación de la rubia despertara, pero no fue así. Se sentó en la cama y se sostuvo la cabeza entre las manos. No había entendido lo último que había dicho la francesa, pero por el tono y su rostro dedujo con su brillante mente inglesa que no debía ser algo bueno.

Cuando las luces del alba se asomaron, se acostó nuevamente.
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Re: Convaleciente foraneo en la cabaña dos. [Priv. F. Bonnefoy y A. Kirkland]

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